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¿Copiar no es robar? pero cómo jode

Leía ayer unos interesantes tweets de Fernando NuñezNoda (@nuneznoda) acerca de la atribución de autoría de contenidos, tanto en redes sociales como en blogs, y de cómo muchas veces los contenidos son copiados y repetidos sin siquiera mencionar la fuente de donde se obtuvo, o el autor original.

Sin entrar en todos los tipos de copias, plágios y otros ejemplos de falta de ética y de respeto al trabajo ajeno, hay un caso particular que me llama la atención y del cual quería escribir hace algún tiempo: los blogs de copy&paste. Blogs que publican exclusivamente artículos copiados y pegados de algún otro sitio. De hecho, me atrevo a decir que esta exageración de copias está mal, aún en algunos casos donde se hace  atribución a la fuente. Veamos:

Cualquier persona que realmente genera contenidos debe llevar a cabo varios procesos, en mayor o menor medida: documentarse, investigar, ordenar, crear, redactar, ilustrar, para finalmente tener algo publicable. Independientemente de si decide compartirlo con sus amigos más cercanos vía email, publicarlo en un blog, o enviarlo a un medio de comunicación masiva. Independientemente de si decide lucrarse con eso. Incluso independientemente de que decida reservarse todos los derechos o permitir la divulgación libre.

El hecho de copiar el contenido textualmente constituye en si mismo un robo, no sólo del contenido copiado. Constituye también un robo del trabajo investigativo e intelectual que llevó a cabo el autor original.

Pero, ¿y si coloco la atribución de la fuente?

La mayoría de la gente suele pensar que si en un blog se coloca un enlace al artículo en su publicación original es suficiente. Y desde un punto de vista meramente formal tal vez lo sea. Sin embargo, considerando que en el  99% de los casos la referencia está al final del artículo (y a veces hasta en letra diminuta), ¿cuál es la probabilidad de que un lector haga click en el enlace, cuando ya leyó todo el contenido?

Y si entramos en el tema de la publicidad, la cosa es peor, porque ¿qué tan lícito es generar ingresos con, por ejemplo, Google AdSense, usando contenido generado por otros sin haber agregado ningún valor? Me refiero a moralmente lícito porque claro que ilegal no es.

Y nuevamente, no me refiero a quien en algún momento copia o reproduce algo y hace la debida referencia al autor, me refiero a aquellos que tienen un blog o una cuenta en cualquier red social, y donde más del 90% de su contenido es copiado textualmente.

Pero hay excepciones, ¿no?

Por supuesto. Hay noticias, que pueden requerir ser difundidas en tiempo real, y sin tener chance de pedir permiso (pero donde igual se debe citar la fuente). Hay también manifiestos que fueron escritos por colectivos, para hacerse públicos. Hay incluso gente que genera contenidos de texto, imágenes, audio o video con la explícita intención de que se compartan por el medio que sea. Y normalmente, en estos casos el autor otorga explícitamente el permiso para estos usos.

¿Qué hago entonces si me gusta un contenido y quiero compartirlo?

¿Aparte de usar el sentido común? Pués no es tan difícil: si no tienes nada adicional para aportar al contenido, comparte el enlace original, bien sea por email o por cualquier red social en la que participes. Y si tienes algo que agregar, escribe tu opinión, aporte o recomendación en tu blog y cita algún fragmento que motive al lector a ir al artículo original. No es tan difícil, ¿verdad?

Y si eres asiduo visitante de un blog de copy&paste, te aconsejo revisar las fuentes de donde obtiene sus copias, y seguirlas directamente. Seguro encontrarás más cosas interesantes, y le generarás lecturas a quien de verdad merece tenerlas.

[Imagen del post]


La inquisición en el idioma

No voy a ser yo precisamente quien defienda a quienes escriben (y hablan) mal. Siempre he valorado una buena escritura, y las cosas mal escritas, me provocan un rechazo que la mayoría de las veces me impide terminar de leer un texto. Me molestan además excusas como “yo soy ingeniero (o médico, o arquitecto, o lo que sea), y mi trabajo no es escribir”. No señor, el escribir bien es un asunto de civilización, no de profesión. Lo anterior no me exime, por supuesto, de tener algún error ortográfico de vez en cuando.

Pero vamos, una cosa es saber escribir, y ser exigente con lo que se lee. Y otra muy distinta andar por la vida corrigiendo al mundo y dando clases de ortografía y gramática. Porque sí, hay muchos que con el DRAE en la mano (o en su monitor) no lo piensan dos veces pare decirle a alguien “¡epa tú! aprende a escribir, que esa palabra no existe”.

Sin embargo, con respecto al diccionario de la RAE y su rigidez, hay algunas confusiones que tal vez valga la pena aclarar. Me explico mejor: Existe la creencia muy difundida de que el inglés, por ejemplo, es un lenguaje mucho más dinámico que el español, debido a que los angloparlantes no tienen un organismo rector del idioma, similar a la RAE. Y aunque esto último sea cierto, no necesariamente hace al idioma más dinámico. Tal vez tengamos esa sensación porque el verbo to google, por ejemplo, aparece en tal o cual diccionario, mientras que googlear aún no aparece (y probablemente no aparecerá por bastante tiempo) en el DRAE. Y este hecho, la no aparición en el diccionario oficial, es precisamente el esgrimido por los sobre-correctores (o como a veces los llamamos de cariño, los Nazis del idioma).

No nos engañemos. Una palabra no comienza a existir por el hecho de aparecer en el DRAE. Es exactamente al revés: una palabra se incorpora al DRAE, porque ya existe. La inclusión en el diccionario oficial no constituye una autorización para usar una palabra. Constituye más bien un reconocimiento de que existe y se usa.

Hay dos ejemplos claros de sobre-corrección que abundan últimamente, que ya comienzan a hacer ruido:

  • Aperturar: El verbo aperturar ciertamente no aparece en el DRAE. Está sin embargo en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD). Se forma a partir del sustantivo apertura, siguiendo las reglas de derivación correctas de la lengua española para formar un verbo a partir de un sustantivo, así que estrictamente hablando, no es incorrecta. El DPD sin embargo señala que al existir ya el verbo abrir, el uso de aperturar no está justificado y desaconseja su uso. ¿Qué terminará ocurriendo? Lo mismo que con fritar: si se sigue usando y masificando, será incorporado al DRAE. ¿Es una palabra fea e innecesaria? Definitivamente sí. ¿Es incorrecta? No.
  • Bizarro: Con bizarro ocurre algo un poco diferente. La palabra existe, hasta para los fundamentalistas, porque está en el diccionario. Pero el significado oficial en español es bastante diferente al que se da en inglés y la queja de la mayoría de los sobre-correctores está en que la usamos en español, con la acepción anglo. El punto, como en el caso anterior, es que el día que uno le diga a alguien “tú si eres bizarro”, lo último que pensará es que lo estamos llamando valiente o algo por el estilo. Y terminará pasando lo mismo que ilustrábamos en el ejemplo previo.

Si lo anterior no te convence, no hay problema, puedes seguir sobre-corrigiendo, pero el día que lo hagas con alguien porque te diga o escriba “te llamo horita para darte los datos”, tendrás que aceptar cuando te responda: “decir horita es correcto, porque está en el DRAE”

Finalmente, ¿hay cosas correctas e incorrectas en el idioma? Por supuesto. La correcta puntuación y acentuación pueden cambiar radicalmente el sentido de un texto, e incluso volverlo incomprensible. Las palabras que se usan tienen una manera correcta de decirse y escribirse. No debes decir dijistesvinistescomistes. No debes escribir qeke, o q, en lugar de que. Porquepor qué son cosas diferentes. No es lo mismo “vamos a ver” que “vamos haber”, igual que no es lo mismo “va a ser” que “va hacer”. Y por lo que más quieras: ayhayahí son tres palabras distintas. Correcciones válidas hay muchas, pero eso sería contenido para otro post.

¿Yo? Pués no pienso usar aperturar, así como no uso fritar, ni tampoco horita, por mucho que estén en el DRAE. Simplemente porque me parecen palabras feas e innecesarias. Y particularmente detesto escucharlas y leerlas. Pero tampoco estaré nunca de acuerdo con capturar y quemar en la hoguera a quienes las usen, sólo para demostrar que se es más culto, o como los inquisidores, buscando tapar las propias carencias y perversiones, condenando a los demás.

Y porque además, eso de andar corrigiendo en público es de mal gusto… Y aun así, no faltará quien corrija este post.

Mi post-mortem de Sangre en el diván

Mi post-mortem de Sangre en el diván

El porqué

Un buen día, comprando libros, me encontré con que la encargada de la librería estaba separando, de un cargamento recién llegado, más o menos la mitad de los ejemplares de Sangre en el Diván: el extraordinario caso del Dr. Chirinos” porque estaban apartados para clientes que llevaban semanas esperándolos.

Ya conocía el caso y me había enterado de la publicación del libro, así que en un ataque de mórbida curiosidad, excusada en la idea de que podía ser una obra maestra de la No-Ficción venezolana, compré un ejemplar.

Pero no, no era una obra maestra.

La estructura

Los primeros dos capítulos narran el crímen, sus circunstancias y la investigación posterior. Es una narración revestida de una implacable crudeza, de esa que apreciaríamos en un relato de ficción, pero que se nos hace desagradable cuando nos están hablando de una persona de la que vimos fotos, conocimos su historia, leímos sus blogs y hasta fragmentos de su diario personal. Que tiene papá y mamá, hermanos y amigos. Es lo que podría describir como “demasiado real para mi gusto”. Leer este capítulo me hizo recordar un review leído unos días antes, cuyo autor afirmaba que el libro era tan grotesco que le costó terminarlo de leer. La parte referente a la investigación está muy al estilo CSI (y me estoy tomando una gran licencia para afirmar esto).

A continuación el libro se toma tres capítulos para adentrarse en el personaje. Y en este punto debería quedar claro que el libro no es acerca de la víctima, ni siquiera acerca del crímen en si. El leit motiv del libro parece ser, sin duda, el victimario. Esta parte comienza con una narración, que si bien no es totalmente aséptica, sí se puede catalogar de medianamente objetiva, sin exagerar en juicios de valor e incluyendo algunos testimonios. A partir de aquí el efecto “demasiado real para mi gusto” desaparece y el libro se hace bastante digerible. Continúa esta parte con un capítulo que nuevamente habla del victimario, pero desde su propio punto de vista. Es una sección llena de imprecisiones, contradicciones y un muy pobre estilo, atribuible en este caso al propio sujeto y no a la autora, ya que es él quien habla. Si la intención es exponer al protagonista como loco y megalómano, este capítulo sin duda alguna lo logra.

Culmina esta segunda parte del libro con tres diagnósticos, elaborados por profesionales de la salud mental, acerca del Dr. Chirinos. Diagnósticos apoyados en la investigación hecha por la autora y en otra tanta información que es de dominio público. Sería difícil pensar que alguno de estos profesionales haya tenido oportunidad de entrevistar al doctor de manera personal. Oportunidad que, por cierto, sí tuvo la autora.

La última parte del libro nos narra la parte final del juicio, la sentencia, las reacciones de las partes involucradas. Además muestra varios elementos de la investigación, esta vez centrados más en el punto de vista de la Fiscalía, que en el punto de vista policial, aún cuando no deja de incluir elementos de este.

El libro cierra con un anexo que presenta una entrevista que hiciera Miyó Vestrini en 1991 a Edmundo Chirinos. Esta parte, otra vez desde mi punto de vista, es totalmente innecesaria y está fuera de lugar. Resalta sí, una simpatía de Chirinos con el marxismo, por demás natural, porque apenas tres años atrás Chirinos venía de ser candidato presidencial por el PCV. Irrelevante, sin duda. El libro, sin este anexo no habría sido peor, ni tampoco mejor. Sólo más corto.

El resultado

El estilo: No lo calificaría de bueno ni de malo. Demasiado coloquial en muchos casos. De mal gusto en diversos aspectos. Efectista, totalmente efectista, eso sí. A mi en general no me gustó. Pero entre gustos y colores…

Redundancia: Bastante. En algunos casos no es mala: se usa para resaltar un mismo hecho a través de diferentes capítulos. En otros casos, pura y simple repetición sin función alguna, totalmente prescindible.

Vinculaciones con al gobierno: Acerca de las vinculaciones del Dr. Chirinos con el presidente de la república (y su ex-esposa), debo diferir de algunas opiniones que he leído. Esta vinculación, sólo se menciona por la autora de manera directa en una ocasión y como referencia biográfica. Todas las demás menciones obedecen a que el propio Chirinos, antes y durante el proceso judicial, hacía referencia a dicha relación.

La recomendación

Haciendo honor a la verdad, no creo que leer el libro sea botar el dinero. En primer lugar porque no es caro. En segundo lugar porque el tema tratado no deja de ser interesante para quien le guste lo policial. Y en tercer lugar, porque así sea a punta de efectismo, logra mantener medianamente el interés.

Pero así como no se perdería el dinero, tampoco se ganaría nada, intelectualmente hablando. Los hechos de la historia se encuentran en internet. La descripción que hace Chirinos de si mismo, causa hasta gracia. Cuidado si no lástima. Y el suspenso, es casi inexistente.

En resumen, es un libro a medio camino entre novela policial y trabajo de investigación. Un buen trabajo periodístico que luce completo, pero no tan bien llevado al papel como se esperaría. Un intento de venezolanizar el género  Novela Testimonio, con un victimario menos empático que Perry y una escritora menos singular que Capote (In Cold Blood, 1966). Pero un buen intento, después de todo.

 

 

Hey! Bloquéame el PIN

Hey! Bloquéame el PIN

Este post es acerca de una noticia que se está desarrollando al momento de escribirlo, así que puede presentar dos fallas: tener algunas imprecisiones y también algunas opiniones viscerales. De antemano pido disculpas por ambas cosas.

Desde noviembre del año pasado, Movistar a través de la cuenta de Twitter de su presidente (@Presid_Movistar) anunció que estaban gestionando con RIM (fabricante de los conocidos Blackberries) el bloqueo de los equipos que hubieran sido denunciados como robados. Una medida aplaudida por todos excepto, tal vez, los choros y los compradores de mercancía robada.

En un inicio se bloquearon unos 6000 equipos (o 7000, mi memoria no anda tan precisa), y se anunció que se bloquearían unos 40000 (sí, cuarenta mil) o más. Según entiendo Movilnet habría anunciado recientemente una medida similar (si alguien me lo puede confirmar, lo agradecería).

El día de hoy, sin embargo, Movistar (nuevamente a través de Twitter) anuncia que “de momento no vendrán BB!”. De acuerdo a algunas fuentes (leer aquí para más detalles), esto ocurre por la negativa de RIM de continuar bloqueando equipos, por considerar que “es excesivo el número de bloqueos provenientes de Venezuela”.

De acuerdo con Edgar Rincón (@erinconm), en este tweet, esto ocurre porque RIM cobra US$ 5 al mes a las operadoras por cada Blackberry en uso, y bloquear 100 mil equipos, les disminuye las ganancias.

Visto todo lo anterior, se pueden hacer dos reflexiones obvias:

  • La reflexión anti-capitalista: qué desgraciados esos tipos de RIM que se niegan a combatir el tráfico de equipos robados por no dejar de ganar dinero
  • La otra reflexión: así será de exagerada la cantidad de robos de estos equipos que ocurren a diario en Venezuela, que a RIM le parece excesivo el número de solicitudes de bloqueo

Y no, no creo que bloqueando los Blackberries en RIM vayamos a resolver los problemas de la delincuencia en este país, pero sí creo que cada uno debe poner de su parte: el ciudadano de a pie denunciando los robos y no comprando artículo sospechosos, las operadoras haciendo lo posible para que los equipos no puedan ser reactivados, el gobierno controlando la delincuencia…

En resumen, mi opinión final: bien por Movistar, mal por RIM, muy mal por los responsables de la seguridad pública en nuestro país.

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